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Tomar decisiones es un reto cuya dificultad se multiplica cuantas más personas forman parte del proceso.

Quizá te resulta familiar la situación en el que una decisión acaba tomándose con una votación. Una votación en la que una opción gana sobre el resto: unas ganan y otras pierden o el juego de suma cero. Para que alguien gane otras tienen que perder.

¿Y si te dijera que existe una opción en la que todas las personas pueden sentirse incluidas e identificadas con la solución acordada?

 

Se trata del proceso de búsqueda de soluciones (o toma de decisiones) por consentimiento.

  1. Se plantean y se exploran diferentes opciones o propuestas.
  2. Se trabaja (se habla sobre ellas durante un tiempo definido) para darles forma y buscar concreción en cada una de ellas (puede ser por grupos, por parejas…
  3. Se hace una ronda de votación siguiendo el sistema de los pulgares:
    • Arriba (de acuerdo)
    • En el medio (puedo vivir con ello)
    • Abajo (me opongo).
  4. Si alguna persona ha colocado su pulgar hacia abajo para expresar su desacuerdo se le brinda un espacio para que explique qué parte o partes de la propuesta le llevan a bloquearla. Además deberá aportar una alternativa proponiendo alguna modificación a la solución presentada que le permita cambiar su voto “en el medio o arriba”).

Este proceso permite escuchar y enriquecer la solución dándole los matices necesarios que permiten englobar la diversidad de opiniones del grupo.

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